La pandemia en tiempos de pandemia (37)

La pandemia en tiempos de pandemia (37)

A. Derecho de rebelión
B. Juan de Mariana: Sobre el tiranicidio

Ejerce tus derechos

¿Y, qué hay en las vacunas?
Pues habrá de todo. Lo que dicen que hay. Lo que no dicen que hay. Lo que parece que hay. Lo que suponemos que hay. “Lo que no está escrito”. Lo que no está patentado.

Si coges cien viales, tal vez tengas suerte de encontrar algo. Si es que son de la misma ola de vacunas. Porque serán distintas dependiendo de la ciudad, de la fecha, del país y del centro de vacunación. Pero no del lote. Porque lo que hayan hecho no dependerá del lote. Todo estará tan mezclado y parecerá tan aleatorio que sólo podrán encontrarse cosas repetidas si se coje una muestra grandísima de viales. Puedes inducir que ha pasado dependiendo del tipo de muerte del vacunado. ¿Que no hay nanotecnología? Si no la hay, es porque no han podido meterla. Si no la encuentras ahora, la encontrarás. ¿Que hay microchips? Parece ser que hace 10 años las empresas que se dedicaban a inventar microchips para implantar dentro del cuerpo, tuvieron que paralizar sus proyectos porque provocaban cáncer a todos los implantados con los microchips. Se supone que han pasado muchos años y ya lo tendrán arreglado. Quizás no se haya encontrado nanotecnología todavía en las primeras olas de vacunas pero sí que se encuentre, si los dejamos, en las venideras. ¿Qué tiene grafeno? Si hubiera sido posible seguro que lo habrían metido. Luego hay que prepararse para encontrar grafeno, cualquier material que haga lo que hace el grafeno o cualquier otro tipo de material desconocido. Si no hay nada raro, a parte del veneno que les hayan metido, es porque no estaba en el plan. Ellos tienen tecnología que han descubierto o inventado desde hace años y que todavía no han sacado a la luz pública. A efectos prácticos y con lo que respecta al actual momento de la guerra que vivimos, no es muy relevante, salvo del punto de que el proceso judicial se entienda como un paso más dentro del proceso global de la guerra. Como llevamos varias décadas viendo con la ley de divorcio, con las leyes feministas y con la pedofilia, los tribunales de Justicia son parte del Estado. Una parte del Estado que se dedica a dar el visto bueno, a aprobar y firmar el robo, el secuestro y la legislación que va contra la Constitución. Es como si ETA tuviera jueces. Y en vez de ser la cúpula de ETA la que manda secuestrar a alguien en un zulo, son unos jueces los que te condenan. Pues es lo mismo con el Estado. En concreto y en especial, con el Estado español.

Imagínate que en una plaza amplia de Bilbao hay un grupo de gente en el lado derecho de la plaza. Y desde la izquierda viene corriendo ligeramente un individuo con boina, con las manos metidas en los bolsillos de una chamarra abierta debajo de la cual sólo lleva una camiseta blanca sobre la que están imprimidas en grande las letras E.T.A.. Obviamente, nada más verlo de lejos, alguno de los que estaba en el grupo salió corriendo. Otros intentaron hacerlo en el momento en el que el de ETA comenzó a correr más rápido al mismo tiempo que gritaba “¡Hay un virus, una pandemia!”. Pero a la mayoría de ellos no les dio tiempo ni siquiera a pensárselo porque antes de que se dieran cuenta, el de la boina sacó las manos de los bolsillos. Unas manos que empuñaban dos pistolas. Empezó a disparar a todos para salvarles del virus que estaba pegándose a sus cuerpos, según decía él. Algunos sobrevivieron porque, al parecer, había muchas balas de fogueo. Otros murieron en el momento, otros al cabo de poco tiempo y otros un tiempo más tarde. Dos dijeron que las balas les habían salvado la vida y que la prueba era que la bala les entró por un lado de la pierna, les salió por otra y estaban sanos y salvos porque ya no tenían el virus. A los que huyeron al principio los llamaron negacionistas y los declararon enemigos públicos número uno porque podían contagiar el virus a quienes habían recibido un balazo.

La cuestión en que en todo el proceso no es verdaderamente importante qué tienen las balas. Da igual que tengan mercurio, que tengan plomo o que tengan plata. Son balas y fueron fabricadas para lo que han hecho: matar. ¿Dónde estaban los médicos desde el principio? ¿Y la Policía, los jueces y los científicos? ¿Por qué no aportó nadie un número muy importante de viales? ¿Por qué no hubo nadie que los analizara? ¿Por qué nadie hizo autopsias? ¿Por qué sólo obedecieron órdenes? Precisamente los médicos y científicos eran los más necesitados para evitar que el rebaño cayera en la trampa. Y no aparecieron por ningún lado. No todos los idiotas pero, si hubieran salido mil médicos denunciando la farsa, parte de ellos sí que les habrían hecho caso. Porque, como con el calentamiento global y el feminismo, se veía que todo era mentira simplemente por lo que decían, por cómo lo decían, por lo que no decían y por sus contradicciones.

Quienes llevamos tres décadas luchando por la salud, por la vida y por la libertad, ya vimos desde el principio de lo de Italia de qué se trataba, que la cosa venía muy bien preparada, que lo habían preparado seriamente y que iba a ser algo muy serio y que llevarían tan lejos como les fuera posible. En cuanto los vimos, sabíamos quiénes eran y a qué venían. Como el de la ETA. Y no nos equivocamos en nada. Sólo en detalles que no puedes saber si no eres Dios. Detalles como cuánta gente quieren matar en qué fases, en qué zonas y el tiempo en el que todo eso iba a llevarse a cabo.

La clave de todo esto es el rebaño. Los idiotas, los borregos y los imbéciles. Tienen que morir en masa. Y ellos necesitan matarlos en masa. Porque están en una huida hacia delante, por la que tienen que justificar lo que hacen por la muerte de decenas de millones de personas. Porque si no ocurre así, se verá que todo es una farsa porque no ha muerto nadie. Con lo que estarían igualmente perdidos y derrotados. Por eso sólo les queda ahora matar a toda la cantidad de idiotas y de borregos que puedan. Son idiotas e imbéciles y sólo espabilan cuando se dan de bruces con la realidad. Y, a veces, tal y como estamos viendo ahora, no aprenden ni de esa manera. Conque como para tratar de convencerlos al principio. Esta pandilla de imbéciles van a tener su dosis de karma. Décadas diciéndoles lo que estaba pasando y han decido estar del bando del enemigo. Participando de la farsa de la medicina occidental, de un régimen político que robaba y secuestraba a los hombres, de políticos que mandaban pedófilos a las escuelas, etcétera, etcétera. Cualquier cosa les daba igual. No iba con ellos, mientras no les afectara directamente. Ahora cosechan lo que han sembrado. Nosotros sólo tenemos que esperar a que su ira llegue a la intensidad deseada y señalarles los culpables, guiarles y dirigirlos hacia ellos. Mientras tanto, puedes seguir intentando en vano convencer a tus familiares y amigos que sean idiotas. Ya enseñándoles las noticias que les ocultan en la tele, las de muertes (fotos y videos); ya explicándoles de la manera más resumida posible, punto por punto, todo. Desde la cronología, las circunstancias, lo relacionado con la naturaleza de los virus y las bacterias o cualquier cosa. Eso, de una manera muy resumida. Para no perder mucho tiempo y para que no se hagan un lío y se les olvide todo. Como son idiotas, no tienen mucha capacidad intelectual. Si quieres, lo imprimes y se lo das para que lo vayan leyendo de vez en cuando. Y para tus conocidos imbéciles sólo lo imprimido.

Con los idiotas y los imbéciles sólo hay que perder el menor tiempo posible si son familiares o amigos cercanos. Y ninguno si no son de esos dos grupos de personas. Quien no tenga experiencia en tratar con imbéciles y tratar de convencerlos de las cosas más simples, te dirá lo contrario. Pero el caso es que ese alguien no tiene lógica ni experiencia. Ni ha aprendido por la teoría ni ha aprendido por la práctica. Un imbécil, si ve que una persona más inteligente que él está tratando de convencerlo de algo y de que, además, lo hace de una manera “suplicatoria”, urgente, intensa e insistente, va a creerse que es más importante y más inteligente de lo que es. Por eso no cambiará de opinión. Y a un perro no puedes tratar de convencerlo de que dos más dos son cuatro y de que te dé la razón. Porque es un perro y por eso no puede ni entenderlo ni darte la razón. A cada uno hay que explicarle las cosas que puede entender. Si les dices fútbol, Sálvame o socialismo, seguro que lo entienden. El resto, ni lo intentes.

Les pasa como a las mujeres. Les han dicho que son más inteligentes de lo que son, los han inflado y se lo han creído. Les han dado el derecho al voto y creen que su opinión tiene algún tipo de valor y que con su voto participan de un régimen, ponen un presidente en el Gobierno y dirigen un país. Como con las mujeres, no hay que andar detrás de ellas ni hacerles más caso del esencial. Si no, se creen lo que no son, creen que valen lo que no valen y se echan a perder. Tienen que morir en masa. Es inevitable. Morirán millones. Y detrás de ellos tendrán que ir los globalistas y los izquierdistas. Sí, morirán centenares de millones por las vacunas. Todos tenemos un día y una hora de llegada y un día y una hora de salida. Como los globalistas y los izquierdistas. Todos tenemos un día de salida. Es ley de vida.

1. Cuarto listado
2. Intentan silenciar una protesta contra la farsa que se ha producido a las puertas de la sede de la televisión de Canarias
3. Rotterdam: La Policía dispara a matar e hiere a dos personas de bala

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